Cuatro deliciosas comidas que le debemos a la Iglesia Católica
La Iglesia Católica ha influido en muchos aspectos de la sociedad, pero ¿sabías que también tiene que ver con algunas comidas que disfrutamos hoy? Te cuento cuatro ejemplos.
Primero, el café. Llegó a Europa alrededor de 1600, durante el papado de Clemente VIII. Al principio, algunos cristianos lo veían como una bebida anticristiana, pero el Papa la probó y le gustó tanto que decidió no prohibirla. Así, el café se popularizó rápidamente.
Segundo, el pollo. En el pasado, no era común comer pollo como ahora. Los monjes benedictinos, que evitaban carne de animales de cuatro patas, sí consumían aves. Al criar aves menos agresivas que producían más huevos, fomentaron la domesticación del pollo, que se volvió un alimento habitual.
Tercero, la pizza. El primer registro escrito que menciona la palabra “pizza” y una entrega de pizzas fue para un obispo católico en Gaeta, Italia. Un duque pagaba el alquiler de un molino con pizzas, cerdo y gallinas en la fiesta de Pascua. Así, la pizza tiene un origen ligado a la Iglesia.
Cuarto, el tocino. A diferencia del judaísmo y el islam, el cristianismo permite comer carne de cerdo. Según el relato bíblico en Hechos 10, San Pedro tuvo una visión que eliminó las restricciones alimentarias del Antiguo Testamento, abriendo la puerta al consumo de alimentos antes prohibidos.
En resumen, la Iglesia no solo influyó en la fe y la moral, sino también en la forma en que comemos hoy. Desde el café hasta el tocino, su impacto llega hasta nuestra mesa.
