Ante nuevos problemas que involucran a dependencias federales, el “súperdelegado” Joaquín “Huacho” Díaz desaparece y no contesta ni el teléfono

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El caso de corrupción en la Aduana de Progreso vuelve a evidenciar la falta de control del delegado federal Joaquín “Huacho” Díaz Mena sobre las dependencias federales.

Desde el desaire público que le hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su visita a Yucatán, Díaz Mena ha estado ausente de actividades públicas y no responde a los medios sobre el escándalo de corrupción en la Aduana.

Se denuncia que mediante sobornos se permite el paso ilegal de maderas, pepino de mar, piezas de avión y especies marinas protegidas. Las autoridades federales, incluida la Profepa, han guardado silencio, mientras el delegado desaparece y no contesta llamadas.

El presidente elogió al gobernador Mauricio Vila Dosal por su honestidad, lo que habría molestado a Díaz Mena. Desde la salida de López Obrador, el delegado no ha publicado nada en sus redes ni ha dado declaraciones.

Este patrón de ignorar problemas no es nuevo en Díaz Mena, quien ha dejado quejas sin resolver y ha permitido que otros se encarguen de los conflictos, como en casos de pesca furtiva y conflictos educativos.

Se comenta que su cargo y su influencia en Morena están en riesgo, especialmente ante los próximos cambios de directivas y las elecciones de 2021. Además, su intento de imponer a amigos panistas dentro del partido genera descontento entre militantes históricos.

Este caso pone en jaque la credibilidad de la Cuarta Transformación en Yucatán y plantea dudas sobre el liderazgo de Díaz Mena en la región.

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